Una vez demostrado el enorme valor estratégico de estas unidades y de los aviones que cargaban, los portaaviones se formaron ya en flotas, teniendolos a ellos como la espina dorsal. En el Pacífico, donde EEUU y Japón (y luego Inglaterra) concentraban gran cantidad de estas unidades, se dieron las mayores batallas de la historia.
Preludio de la batalla de Midway, fue el primer enfrentamiento en toda regla de dos flotillas aéreas basadas en portaaviones en el Pacífico.
Los japoneses habían enviado una flota de invasión a Port Moresby, la capital de Nueva Guinea, y otras unidades menores a tomar posiciones en las Islas Salomón. De conseguir la captura de este puerto, Australia quedaría prácticamente incomunicada de EEUU y del resto de las fuerzas aliadas en el teatro de operaciones, mientras las unidades niponas aumentaban su radio de acción.
Las flotas de combate niponas y estadounidenses maniobraron durante varios días hasta que finalmente se encontraron mutuamente. Los japoneses tenían 3 portaaviones (el Shoho, más pequeño, y los gemelos Shokaku y Zuikaku, mucho más grandes y modernos), 4 cruceros pesados y otras unidades menores; los estadounidenses alineaban 2 portaaviones, 11 cruceros y 13 destructores. Sin embargo, la diferencia numérica en las unidades acorazadas no sería muy relevante, ya que en toda la batalla no se disparó ni una sola bala de cañón, a excepción de los antiaéreos. En realidad la batalla estaba igualada antes del comienzo, y particularmente se igualó más luego de la pérdida de un portaaviones japonés.
Uno de los primeros errores nipones fue separar estas unidades, dejando al más pequeño aislado y a cargo de una flota menor. El primer ataque estadounidense fue justamente contra el portaaviones Shoho, sin mucho efecto. La suerte y algunas malas decisiones del enemigo cambiaron el resultado. Mientras los aviones del Shoho confundían sus blancos y se contentaban al dañar un petrolero y hundir un destructor, confundiéndolos con un portaaviones y un crucero, otra oleada de aviones estadounidenses ubicaron al pequeño portaaviones nipón, hundiéndolo diez minutos después del primer torpedo.
![]() |
| Aviones Hellcat en los hangares del USS Yorktown. Obsérvense a los hombres trabajando en las espoletas de las grandes bombas y el apiñamiento de los aviones, con las alas plegadas y dobladas hacia atrás. En bueno diseño del portaaviones, sumado al buen diseño de los aviones, podía hacer mucho más efectivo al conjunto; es por eso que las unidades diseñadas específicamente eran mejores que las reconvertidas. El espacio en los portaaviones era vital; un avión más o unos litros más de combustible podían hacer la diferencia en los reñidos combates del Pacífico. |
La batalla estuvo llena de nuevos errores nipones. A la tarde del 7 de mayo los japoneses lanzaron un ataque aéreo nocturno con sus mejores pilotos, mientras la invasión anfibia se aplazaba unos días; la idea era hundir primero a los estadounidenses y asegurarse así la operación. Sin embargo, todo salió mal. Los aviones japoneses no ubicaron los blancos, pero el enemigo tenía radar y pudo localizar a los atacantes, diezmándolos. En el vuelo de regreso en medio de la noche, la formación nipona confundió los portaaviones amigos con los blancos, siendo presa de los antiaéreos del Lexington y el Yorktown al tratar de aterrizar en ellos. El resto de los aviones se perdió al tratar de posarse en sus unidades madres, o cayeron al mar. De los 27 aviones enviados, solo regresaron 6. Así se perdió el 17% de la fuerza de ataque total, sin haber atacado realmente a los blancos buscados.
Ya las cosas eran complicadas para los japoneses, y sus errores y mala suerte lo complicarían aún más. Cuando finalmente los portaaviones enemigos se localizaron mutuamente, en la mañana del 8 de mayo, ambas fuerzas lanzaron sus primeros ataques. Los estadounidenses fueron un poco más afortunados, impactando con dos bombas al Shokaku, pero sin destruirlo ni dañarlo seriamente. Una nueva oleada de ataques coló una tercera bomba en este buque, el cual ahora quedó incapacitado debido a varios incendios. Dándole sus aviones a su unidad hermana, se retiró del área de combate poco tiempo después.
Los ataque se sucedían e intercalaban entre una y otra formación. Los japoneses respondieron y sorprendieron al Yorktown y al Lexington hacia el mediodía. El primero fue impactado por una bomba de 400 kg. que creó un incendio, el cual sin embargo pudo ser controlado. El Lexington, por otra parte, recibió mucho más castigo: dos bombas y dos torpedos. Por un tiempo todo pareció controlado, pero un azar del destino hizo que vapores de combustible acumulados estallaran en una sección, lo cual inició una serie de incendios y explosiones que condenó al buque. A pesar de que externamente estaba en buenas condiciones y podía mantenerse a flote, tuvo que ser torpedeado por fuerzas amigas luego de rescatar a los sobrevivientes, ya que los incendios eran incontrolables.
Viendo hundirse al Lexington y creyendo hundido al Yorktown, los japoneses decidieron retirar al Shokaku para preservarlo de posibles ataques de otras unidades, y luego se retiraron del área y cancelaron su invasión. Mientras tanto los estadounidenses hacían lo propio al verse disminuidos por el hundimiento del Lexington. Para ambos bandos, la batalla pareció ser un amargo empate, con muchas pérdidas humanas y de material.
A nivel táctico, los ganadores fueron los japoneses. Si bien se quedaron sin invasión, pudieron cumplir algunos de sus objetivos menores, mientras sus informes mostraban dos portaaviones hundidos (erróneamente dieron por perdido al Yorktown). Perdieron aproximadamente la misma cantidad de aviones que sus enemigos, además de hundir a un petrolero y un destructor. Esto compensaba para ellos la pérdida del Shoho.
Estratégicamente, sin embargo, la victoria fue estadounidense, por varios motivos. En primer lugar, abortaron el intento japonés de aislar Australia, lo cual tuvo gran importancia posterior. En segundo lugar, como veremos luego, lograron mantener a flote un portaaviones y ponerlo en condiciones de combate rápidamente, mientras que el Shokaku tuvo que ser reparado por largo tiempo y la necesidad de reorganizar la casi totalmente destruida escuadra aérea del Zuikaku hizo que no pudieran participar luego en la batalla de Midway, que fue de trascendental importancia.
Finalmente, los estadounidenses aprendieron una buena lección de los japoneses, los cuales equilibraran sus oleadas de ataque enviando bombarderos, torpederos y cazas. Así, el componente de cazas y torpederos fue aumentado a expensas de los bombarderos, y se mejoraron las tácticas de coordinación entre ellos. Todo esto aumentaría su eficacia en combate en el posterior enfrentamiento.
Tanto Estados Unidos como Japón buscaban una batalla decisiva en donde forzar al enemigo a pelear en gran escala, haciéndole perder grandes cantidades de buques, principalmente portaaviones. Los japoneses todavía estaban a la ofensiva, y prepararon la invasión de un archipiélago estratégico: Midway. Al capturarlo, obligarían a EEUU a atacar para recuperarlo.
El ataque sería sorpresivo, pero por su aparato de inteligencia los Estados Unidos descubrieron los detalles más gruesos del plan, así como su objetivo. De esta manera tendieron una trampa a los japoneses, cuyo plan se apoyaba enormemente en la sorpresa. Se armó y escondió una gran flota de portaaviones y unidades menores. A partir de entonces todo fue esperar y actuar en el momento preciso.
Si la del Mar del Coral fue la primera batalla totalmente aérea entre dos flotas de barcos, la de Midway fue la continuación, a una escala mucho mayor. Fue, de hecho, la mayor batalla aeronaval de la historia, por la cantidad de aviones y buques de todo tipo involucrados; nuevamente una batalla en la cual las dos flotas lucharon sin tenerse a la vista.
![]() |
El USS Yorktown en los astilleros de Pearl Harbor. Nadie, ni siquiera los altos mandos estadounidenses, lo pensaron como posible. Pero, trabajando día y noche, sin descanso, las cuadrillas lograron ponerlo en servicio de nuevo, gracias en parte a que sus daños no eran tan graves. Esto tomó por sorpresa a los japoneses; con un portaaviones menos, Midway podría haber resultado mal para los estadounidenses. Nótese que la cubierta de vuelo es de madera. Esto facilitaba la reparación de los portaaviones estadounideneses, pero no daba ninguna protección contra bombas. Los diseños ingleses y japoneses no usaban madera, debido a que no tenían tanta para gastar, y también porque las cubiertas de vuelo de metal eran más resistentes al daño. Se trataba de una elección de diseño que cada país tomaba según sus doctrinas y otros factores. Las cubiertas de madera tenían la ventaja de ser fácilmente reparables. Hasta comienzos del siglo XXI hubo un portaaviones estadounidense con cubierta de madera, el USS Oriskany. Se comenzó a construir hacia 1942, pero la guerra terminó antes de ser terminado. Entró en combate en Corea y Vietnam, y fue hundido al terminar su vida de servicio en 2006, para crear un arrecife artificial en el Golfo de México. |
Las fuerzas estadounidenses alineaban los portaaviones Enterprise, Hornet y Yorktown. Este último había sido averiado en la Batalla del Mar del Coral y reparado milagrosamente en tres días, en Pearl Harbor, de manera que los japoneses no lo tenían en cuenta y pensaban que habia sido hundido (o al menos dañado seriamente). Para ellos, la US Navy solamente tenía en la zona dos portaaviones.
Los japoneses, que habían perdido ya al portaaviones de escolta Shoho en la misma Batalla del Mar del Coral, además del dañado Shokaku, podían alinear cinco portaaviones. Tres eran los más grandes que tenían en servicio (Akagui, Kaga y Soryu) además del Hiryu. El Hosho, primer portaaviones comsionado en todo el mundo, también estuvo presente aunque no entró en combate (era obsoleto y no llegaba a cargar 30 aviones). Para colmo, los acompañaban dos portahidroplanos y nueve acorazados, entre ellos el gigantesco Yamato. En cambio, los portaaviones estadounidenses estaban apoyados solamente por ocho cruceros, aunque tenían a su favor las bases en tierra y su dotación de cazas.
Nuevamente, la diferencia artillera no trajo problemas al bando en desventaja numérica. De hecho, se considera que uno de los grandes errores japoneses fue el cerrarse sobre la estrategia clásica de usar sus unidades pesadas de manera ofensiva. EEUU, al no tener grandes acorazados, había adoptado una estrategia completamente diferente, usando a los portaaviones como atacantes directos y dejando a las demás unidades como apoyo. Lo cual, como vemos, pasó a ser la doctrina básica de la guerra aeronaval.
El plan de los militares estadounidenses estuvo bien trazado y funcionó a la perfección. La flota de portaaviones se mantuvo fuera de la batalla al principio. Al divisarse la flota de invasión se ordenó que los aviones en tierra fueran los atacantes, mientras los buques esperaban ubicar a la flota de portaaviones japonesa para atacarla. La isla soportó grandes bombardeos y las defensas fueron diezmadas, pero lo importante del plan era saber esperar. En las batallas de este tipo, la suerte y la experiencia de los aviones de reconocimiento eran importantísimas: ubicar a tiempo al enemigo era fundamental y solía ser el primer paso para la victoria.
Desde Midway se ubicó la dirección del ataque gracias al radar. Los ataques desde tierra contra los portaaviones japoneses fueron inútiles. Estos aviones eran pocos y anticuados, y no tenían suficiente escolta de cazas. Para colmo, los torpedos estadounidenses de esa época eran de muy mala calidad, y los pocos que lograban, en casos aislados, llegar a los buques nipones, no estallaban. Los aviones fueron casi todos derribados sin lograr nada a cambio.
Entonces una serie de errores y mala suerte de parte de los japoneses llevó a una cadena de desastres. Luego del ataque aéreo proveniente de la isla, el comandante japonés envió a todos sus aviones a bombardearla nuevamente, sin dejar ninguna reserva de aviones con torpedos en caso de ubicar una flota enemiga. Al poco tiempo de dar la orden, se avistó la fuerza estadounidense pero no se descubrieron los portaaviones, de manera que momentáneamente no hubo contraorden. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, el comandante Nagumo, jefe de la flota japonesa, mandó buscar más datos sobre la flota avistada mientras dio la orden de quitar las bombas y poner torpedos en sus aviones pesados. Este tiempo muerto en donde no podía atacar resultó ser decisivo.
Aquí el fallo en el reconocimiento aéreo se sumó a otras casualidades. Los constantes ataques de pequeños grupos de bombarderos o torpederos habían dejado exhaustos a los pilotos de caza nipones, y constantemente los aviones debían volver al buque para reabastecerse. La flota fue sorprendida por el ataque fallido de un submarino estadounidense.
![]() |
| El Akagi, buque insignia del almirante Nagumo, en la batalla de Midway, en abril de 1942, poco antes de encontrar su destino final. Obsérvese la gran altura por encima de la superficie; había sido diseñado como crucero de batalla, lo cual también explica la pequeña isla (en el lado contrario de donde solía estar en diseños occidentales), la cual permite que haya espacio justo para dos aviones operando al mismo tiempo. |
Hasta este momento, los tres principales portaaviones japoneses navegaban justos; el Hiryu se mantenía en otro curso y posición. Las tres unidades mayores habían coordinado sus ataques y soportado los del enemigo y estaban en problemas; el comandante del Hiryu sugirió que fueran sus aviones los que hicieran el siguiente ataque, para dar más tiempo a la escuadra mayor. Su solicitud fue rechazada, lo cual se configuró en otro gran error.
Entonces vino el esperado ataque aéreo desde los tres portaaviones enemigos. Era el peor momento; las unidades japonesas tenían sus cubiertas llenas de aviones cargados de bombas y combustible. Sin embargo, los estadounidenses tampoco la tenían consigo en un primer momento. Por diversas coincidencias y problemas, el ataque no estaba para nada coordinado. Los cazas volaban alto para dar una protección que luego no dieron; los torpederos volaban casi a ras del agua y eran blancos fáciles, mientras los bombarderos volaban en alturas medias y tampoco tenían cobertura de cazas. Las formaciones de cada portaaviones se habían mezclado y confundido: los cazas del Enterprise iban cerca de los torpederos del Hornet, etc.
Así, los pilotos estadounidenses avanzaron en pequeños grupos descoordinados, sabiendo que iban a una muerte casi segura. Fueron diezmados por los Zeros y la artillería, sin lograr ningún resultado. Pero mientras los cazas nipones se ensañaban con los torpederos que volaban a baja cota, dos grupos de bombarderos en picado convergieron, casi por puro azar, sobre la flota nipona. Habían despegado más tarde y habían buscado a la flota por otras zonas; ahora era su momento para hacer historia. Sin ningún caza que los molestara, se dejaron caer sobre los portaaviones nipones que estaban a punto de lanzar su ataque sobre los portaaviones estadounidenses, los cuales finalmente habían sido localizados.
Aquellos cinco minutos fueron tal vez de los más largos y trascendentes de la historia. De repente, tres bombas de 450 kilos cayeron directamente sobre la cubierta de vuelo del Akagui, que era el buque insignia del comandante japonés. La primera fue justo en la mitad, entrando a un hangar y haciendo estallar todo a su paso. Otra cayó sobre los bombarderos alineados en la popa, listos para despegar. Rápidamente los oficiales se dieron cuenta de que el buque estaba condenado y convencieron a Nagumo de cambiar de buque insignia.
Los 34 aviones restantes del improvisado grupo se concentraron ahora sobre el Kaga. Cuatro bombas impactaron en él: una delante de la isla, matando inmediatamente a todos los oficiales; las otras tres lo hicieron sobre la cubierta, haciendola volar junto con todos los aviones, combustible y armas. Al igual que con el buque insignia, el incendio fue incontrolable.
Finalmente, el Soryu recibió también tres bombas, una en un hangar y las otras dos directamente sobre la cubierta de vuelo, con resultados análogos a los anteriores. Aunque los tres buques no se hundieron, ardieron por muchas horas, dando una lúgubre señal del éxito estadounidense.
Durante el ataque, los pilotos defensores habían encontrado al Hiryu, que navegaba alejado de la flota mayor. Se elevó entonces una cubierta de cazas justo mientras se detectaba por radar un ataque desde este buque. El Yorktown estaba por ser atacado.
Eran en realidad dos oleadas de ataque: la primera fue casi diezmada, pero dos bombarderos lograron hacer su trabajo. Una bomba impactó en la cubierta, incendiando un hangar y matando a muchos; otra se coló por una chimenea, destruyendo parte de la fuerza motriz del buque, el cual fue perdiendo velocidad y luego se detuvo. Una tercera bomba también impactó pero lo hizo demasiados daños.
Aunque el buque parecía muerto, con grandes esfuerzos se logró poner en el aire a ocho cazas en el aire y se repararon las máquinas, lográndose una velocidad máxima de 20 nudos. Pero para ese momento llegó la segunda oleada y los ocho cazas fueron insuficientes: los pocos torpederos que lograron pasar la cortina de fuego lanzaron sus armas a menos de medio kilómetro, haciendo imposible todo intento de esquivarlos. El Yorktown fue abandonado cuando se lo consideró ya inútil.
![]() |
| El USS Yorktown, ya escorado, a punto de hundirse en la Batalla de Midway. Dañado ya en la Batalla del Mar del Coral, finalmente los japoneses lograron hundirlo, curiosamente sin saber de qué unidad se trataba: a ellos ya les contaba como perdido. |
A todo esto, los japoneses creían que este era el segundo de solamente dos portaaviones enemigos; no creían que el Yorktown estuviera en servicio. De manera que no esperaban un contrataque tan fuerte de parte de dos unidades de este tipo. Estos lanzaron los pocos bombarderos que tenían: unos 40 pudieron despegar para atacar al último buque japonés, el cual tampoco tenía muchos aviones en servicio.
Veinte bombarderos en picada atacaron el coloso, impactando las bombas de manera contundente e iniciando una serie de incencios terribles. Como sus compañeros, el Hiryu se mantuvo incendiado por horas, hasta que finalmente fue rematado por unidades amigas para evitar su captura.
Así terminó la batalla de Midway, o al menos su fase aeronaval. Por un tiempo los japoneses se resistieron a admitir sus pérdidas y maniobraron de manera de poder asestar un golpe a la US Navy. Sin embargo los comandantes estadounidenses no querían manchar la contundencia de su victoria y sus unidades aéreas, además, no estaban preparadas para actuar de noche y estaban cansadas y tenían averías.
Al terminar la batalla los japoneses no solamente no habían invadido Midway, sino que habían perdido cuatro de sus mayores portaaviones. Los estadounidenses perdieron finalmente el Yorktown y a una gran cantidad de aviones y pilotos, pero era evidente que el precio era poco comparado con lo conseguido. A diferencia de Japón, EEUU tenía una gran industria que ya estaba construyendo los buques y aviones perdidos, mientras se adiestraban nuevos pilotos.
Midway marcó el pico máximo de la expansión territorial y militar japonesa en la guerra naval en el Pacífico. Ya no tuvieron más la iniciativa a nivel estratégico, y eso se le puede achacar principalmente a esta batalla, en donde perdieron la mayor fuerza aeronaval de la cual disponían. Si bien tenían otros portaaviones, estos eran más pequeños y no podían concentrar tanto poder de fuego. A partir de entonces, muchas veces sus unidades de superficie quedaron expuestas al cada vez mayor brazo aéreo de la US Navy.
Búsqueda personalizada
|
Cuartel General | Ejércitos del aire | Ejércitos del mar | Ejércitos de tierra | Haciendo contacto