El poder aeronaval en la Segunda Guerra Mundial

Portaaviones por país

Continuando con la reseña general de la fuerza de portaaviones de las naciones beligerantes, pasamos ahora al caso de los Aliados. EEUU e Inglaterra eran los más avanzados, tanto en tecnología como en cantidad de unidades. Francia tenía algo de experiencia y una unidad menor, pero que no vio combate, además de un as bajo la manga, que tampoco fue utilizado sabiamente. La URSS no tuvo portaaviones durante el conflicto, y de hecho pasó tiempo hasta que lanzó uno durante la Guerra Fría, ya que su estrategia naval era totalmente diferente.

 

Estados Unidos

En comparación con su mayor enemigo naval, Japón, EEUU tenía una flota de portaaviones mucho más pareja en cuanto a diseño, aunque netamente inferior en número, al comienzo de la guerra (3 unidades en el Pacífico).

Las cuestiones de diseño era muy importantes. EEUU podía pensar en grande y además de estos pocos portaaviones operativos, ya estaba construyendo otros mayores y más eficientes. No eran reconverciones de buques más viejos, sino diseños nuevos. Se trataba además de unidades grandes, capaces de cargar hasta 90 aviones e incluso un poco más. Sobre cada uno se podía armar una pequeña flota de tareas capaces de llevar una gran cantidad de poder a cualquier parte del mundo.

El primer portaaviones diseñado y construido como tal que entró en servicio para la US Navy fue el USS Ranger. Era pequeño comparado con los que vendrían después; podía cargar 86 aparatos y tenía tres catapultas. Eso da una muestra de la enorme importancia que los estadounidenses ponían ya en en los primeros años de la década de 1930 a su poderío aeronaval.
El USS Hornet, uno de los protagonistas más activos de la lucha aeronaval contra los japoneses. De la clase Yorktown, lanzó el conocido raid sobre Tokio con bombarderos B-25, luchó en Midway y fue hundido a finales de octubre de 1942 en la batalla de la isla de Santa Cruz, luego de que sus aviones dañaran seriamente al portaaviones japonés Shokaku.

La clase Lexington, que siguió al Ranger, era en realidad una clase de cruceros de batalla, pero dos de los cascos terminaron siendo para portaaviones. El Langley no fue usado en combate; el Lexington y el Saratoga, sin embargo, fueron conocidos por su actuación en el Pacífico. Antes de la guerra había quedado demostrado que los portaaviones pequeños como el Ranger solamente podían llevar a cabo operaciones menores, lo cual, condicionó a partir de entonces la visión de los militares estadounidenses. Los de la clase Lexington, por el contrario, podía mantenerse en operaciones por mucho más tiempo y al ser mayor cargaba más combustible y armas. A partir de esta comparación, las autoridades privilegiaron la construcción de portaaviones de mayor tamaño, una tendencia que se mantuvo durante la Segunda Guerra Mundial.

Estos portaaviones, sin embargo, fueron construidos a principios de los 30's y, aunque eran muy eficientes, tenían todavía resabios de sus predecesores o conceptos que no eran totalmente correctos. Por ejemplo, el Lexington tuvo por un tiempo (previo a la guerra) dos torretas artilladas, sumando un total de 4 cañones de 203 mm... mientras conservaba su cubierta de vuelo.

Para 1937 estaba lista la siguiente clase de portaaviones, pensadas desde cero como tales y corrigiendo y mejorando muchos detalles. La clase Yorktown podía operar con 90 aviones y demostraron ser naves versátiles y de buena calidad. Cuando la guerra apareció en el Pacífico, fueron ampliamente usados y vieron combate. Tanto el Yorktown y el Hornet fueron hundidos por los japoneses; curiosamente el segundo fue comicionado en 1941 y había sido construido solo después de que, en 1937, se dejaran sin efecto los tratados internacionales que limitaban el tonelaje total de los portaaviones de ciertos países. El Enterprise, tercer buque de la clase, sobrevivió y fue dado de baja poco después de la guerra.

A estos grandes buques los acompañaron portaaviones menores como el Wasp, que era en esencia un clase Yorktown achicado para poder entrar dentro del tonelaje permitido a EEUU antes de 1937. A poco de empezar la guerra, las fuerzas estadounidenses perdieron en rápida sucesión (en tres batallas diferentes) tres portaaviones grandes. De hecho, 1942 fue un mal años el Lexington se perdió en el Mar del Coral; el Yorktown en Midway y el Hornet en Santa Cruz. Esto hizo que, durante un tiempo, EEUU tuviera que pedirle prestados portaaviones a su principal aliado, Inglaterra, como veremos más adelante. Por lo menos, hasta que salieron de los astilleros los hermanos mayores del Saratoga, único buque de ese tipo en servicio.

Ya con la guerra en ciernes se había llegado a la decisión de mejorar y ampliar la clase Yorktown, desarrollándose la clase Essex hacia 1941. Esta clase, que tendría un total de 24 unidades en servicio, fue de gran importancia para EEUU ya que ayudó a cubrir las brechas que se fueron formando con la pérdida de los portaaviones anteriormente mencionados en el Pacífico, y porque sentó las bases para los siguientes portaaviones de la posguerra. Pudiendo operar con entre 80 y 100 aviones, permitía operaciones de gran alcance y concentración de fuego.
El USS Leyte, de la clase Essex, comisionado en 1946. Esta clase sirvió como portaaviones intermedio entre el final de la guerra y la aparición de la aviación naval a reacción y los buques con motores nucleares. El Leyte, por ejemplo, vio acción en Corea.

La clase Essex y la Midway (esta última de tres ejemplares, el primer puesto en servicio en diciembre de 1945, con la guerra recién terminada) mantuvieron a la US Navy con un potente brazo aéreo hasta que llegaron los superportaaviones nucleares en la década siguiente.

La relativa abundancia de los portaaviones estadounidenses (al menos en la segunda mitad de la guerra), su gran tamaño a comparación de los japoneses (algunos de los cuales apenas podían cargar 30 naves) y el hecho de que estaban construidos y diseñados casi enteramente como portaaviones, en lugar de ser naves reconvertidas, jugó un gran papel en la guerra. Mientras los japoneses tenían buques no tan eficientes y la mala suerte de perder a varios de los más importantes en una sola batalla, EEUU pudo darse el lujo de perder de a una naves importantes como el Lexington, el Bunker Hill, el Yorktown y otros, sabiendo que otras naves nuevas y de iguales características estaban ya en el mar o a punto de salir de los astilleros.

Aunque los japoneses habían comprendido el valor de los portaaviones, su industria no era tan potente como para construirlos en gran escala, y todavía una gran cantidad de unidades artilleras estaban en servicio (algunas siendo las mayores del mundo). Sin embargo, antes y después de las pérdidas de Pearl Harbor, la US Navy ya se estaba reconvirtiendo desde hacía tiempo en una marina con un gran potencial aeronaval.

Justamente uno de los argumentos que dan los que creen en la conspiración de Pearl Harbor es que EEUU perdió casi toda su fuerza de acorazados y otras unidades artilleras en el desastre, pero que ningún portaaviones salió dañado. Según esta teoría, el gobierno sabía del ataque y dejó que se produjera, permitiendo que se perdieran gran cantidad de naves importantes, pero no demasiado importantes, a fin de implicar a la población en la guerra. Sin embargo, como el truco de la lagartija que pierde su cola pero conserva la vida y las cuatro patas, la estrategia implicaba salvar los pocos portaaviones en servicio en el momento. Esta teoría de conspiración dice que las autoridades militares estadounidenses los mandaron a propósito a otro puerto, lejos del ataque. Los que no creen en esta teoría piensan que todo se trató de una casualidad o de un error de la inteligencia japonesa, que no previó el dato.

Sin embargo, más allá de estas opiniones (más o menos discutibles), el hecho es que realmente EEUU hubiera recibido un mayor impacto si hubiera perdido sus pocos portaaviones, no de a uno sino en grandes golpes de dos o tres. Como les sucedió luego a los japoneses al perder a tres de los más grandes en servicio, sus unidades artilleras hubieran quedado poco defendidas y dependientes de portaaviones de escolta, menores y puramente defensivos. Con la diferencia de que EEUU no poseía portaaviones de escolta ni buques portaaviones reconvertidos en base a unidades menores.

La existencia de grandes naves capaces de llevar flotas enteras de cazas, bombarderos y torpederos se probó imprescindible en la campaña de isla en isla que desarrollaron los estadounidenses. Partiendo de un solo buque, esta flota aérea no tenía que coordinarse con ningún otro buque para lograr una gran concentración de fuego allí donde fuera.

Gran Bretaña

Mientras EEUU tenía solamente portaaviones en el Pacífico para librar grandes batallas aeronavales, los británicos tenían grandes intereses navales en todo el mundo, y para tener una flota equilibrada en todas partes debían tener portaaviones grandes para ciertas tareas, y portaaviones pequeños para otras.

En el Atlántico, la principal amenaza naval la ponían los submarinos y ciertas unidades de superficie como los corsarios y los super acorazados. Contra estos últimos se podía plantear una estrategia de aniquilación (como luego veremos), pero el día a día de las flotas de convoyes requería una gran cantidad de portaaviones de escolta que se ocuparan de las otras amenazas, más cotidianas.

Esto hizo que las principales clases de portaaviones ingleses fuera de tamaño medio, pudiendo llevar entre 40 y 70 naves aproximadamente (de acuerdo a su tamaño y peso y comparados con las unidades estadounidenses, que podían llevar unas 90).

Sin embargo, muchas de las menores, que podían llevar entre 20 y 30, también vieron servicio activo. Los ingleses, al igual que los japoneses, tenían varios portaaviones que habían sido rediseñados sobre buques acorazados de la Primera Guerra Mundial o que habían sido construidos en la entreguerra, y los utilizaron allí donde les pareció conveniente.
El HMS Hermes, primer portaaviones del mundo en ser lanzado y segundo en ser comisionado (el primero fue el Hosho japonés). Precedió por pocos meses al mismo y de hecho lo influenció. Esta foto de 1937 nos lo muestra como era a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, con un aspecto bastante moderno y capaz, a pesar de sus años.

Gran Bretaña fue el país que más necesitó de los portaaviones de escolta, teniendo en servicio durante la guerra un total de 45, algunos de clases unitarias y otros agrupados en clases más numerosas. Esto se debía a su origen: se trataba generalmente de buques civiles comprados por la Royal Navy y remodelados, o de buques comprados por la Us Navy, convertidos y luego dados a Inglaterra bajo el acuerdo de Préstamo y Arriendo.

Los portaaviones de escolta dotaban a las flotillas inglesas de un componente de defensa aérea que les daba mayor seguridad y versatilidad. La gran necesidad de flujo mercante requería que estos buques vigilaran constantemente las rutas marítimas buscando submarinos o unidades de superficie, ya fueran militares o civiles convertidos en corsarios. Además, a veces servían con grupos de unidades mayores dándoles cobertura aérea.

En el Atlántico, la mayor preocupación eran los submarinos, ya que la flota de superficie alemana era reducida. Esto hacía más necesario el uso de aviones torpederos y de observación. En el Pacífico, sin embargo, se operaba más cerca de la costa: la amenaza proveía tanto de submarinos japoneses como de aviones basados en tierra o de buques de superficie. Esto hacía que se necesitaran más cazas y bombarderos, además de aviación antisubmarina.

Esta enorme fuerza de portaaviones vio servicio en todos los teatros de operaciones, resultando de gran utilidad. Sin embargo, luego de la guerra esta gran flota de pequeños portaaviones improvisados no tenía más importancia. Era obsoleta y además la Royal Navy no podía mantenerla, así que enviadas de vuelta a EEUU de acuerdo las condiciones de Préstamo y Arriendo. Allí fueron generalmente destruidos para chatarra o vendidos a otras naciones, ya que no entraban dentro de la estructura buscada por la US Navy.

En cuanto a portaaviones más grandes, la Royal Navy tenía varios muy capaces en servicio al estallido de la guerra. Uno de los más famosos fue el Ark Royal, comisionado casi un año exacto antes del comienzo de la guerra, y hundido el 14 de noviembre de 1941 a manos de un submarino alemán, en uno de las mayores victorias navales germanas de la guerra.

Esta unidad, al igual que otras, eran parte de un ambicioso programa de rearme naval que los ingleses habían comenzado en 1935, cuando Hitler recusó oficialmente el Tratado de Versalles y las limitaciones armamentísticas que este implicaba para Alemania.

Parte fundamental de este programa eran la clase Illustrious y la Implacable. Principalmente la primera, serían las responsables de muchas de las mayores batallas y operaciones de la guerra, tanto en el Pacífico como en el Mediterráneo y el Atlántico.

La primera, con un gran componente antiaéreo (para no depender tanto de la escolta de sus propios cazas) y un total de 76 aviones por buque, incluía al Illustrious, Formidable y Victorious. El último fue el indirecto responsable de la victoria contra el Bismarck; los dos primeros tuvieron importantísimos papeles en la guerra aeronaval en el Mediterráneo (siendo el Illustrious el responsable de la victoria en Tarento). El HMS Indomitable, que fue construido en base a un diseño modificado de esta clase (cargaba entre 45 y 55 aviones), vio acción en el Pacífico y en África.

La clase Implacable fue mucho menos conocida y activa, ya que llegó a la guerra en 1944, luego de una serie de demoras en los astilleros debido a un cambio de diseños. Consistente en el HMS Implacable y el HMS Indefatigable, podía llevar unos 70 aviones por buque y tenía un componente antiaéreo mucho menor. Luego de la guerra fueron ambos usados en labores de entrenamiento y posteriormente desmantelados. Esta decisión se tomó ya que su modernización necesaria para mantenerles era demasiado costosa.
El HMS Glorious, de extraña concepción, era un buque de la Primera Guerra Mundial, pensado como un concepto híbrido: un crucero ligero pero para aguas poco profundas. Esta idea no resultó muy aceptable y terminó sus días en 1940 como portaaviones de escolta. Un ejemplo más de que los ingleses, al igual que los japoneses, aprovecharon muchos buques menores para estas labores. La diferencia fue que construyeron unidades mayores de mayor eficiencia en gran cantidad.

Debido a la gran necesidad de portaaviones grandes en el Pacífico, los ingleses tuvieron que prestarles algunos a la Flota del Pacífico, siendo que les sobraban en el Atlántico. El HMS Victorious es un ejemplo. Pasó por la base naval de Norfolk para ser adaptado a los standares estadounidenses en el invierno de 1942-43. Para esa fecha, con Italia casi fuera de la guerra y Alemania en franco retroceso naval, y con firmes planes de invasión en África, la situación naval en el Atlántico se estaba calmando, relativamente.

Luego de los arreglos el HMS Victorious pasó por el canal de Panamá y comenzó a operar con la flota del Pacífico bajo el nombre USS Robin (aparentemente haciendo referencia a Robin Hood). En abril de 1943, luego de la pérdida del Lexington, el Yorktown y el Hornet el año anterior, el USS Saratoga era el único portaaviones de la US Navy operacional. De ahí la enorme necesidad de contar con al menos uno más para hacer frente a los japoneses, quienes todavía tenían unidades menores pero importantes.

Esto vio al buque británico lanzando aeronaves estadounideneses de varios tipos en la campaña de las Islas Salomón; entre mayo y julio de 1943 junto con el Saratoga dieron apoyo aéreo a las unidades involucradas la invasion de Nueva Georgia.

Para finales del año el buque volvió a la base de Scapa Flow y se reincorporó a la Royal Navy. Pero volvería nuevamente al Pacífico, cuando entre junio y julio de 1944 se puso en camino hacia esa zona. Junto con su nave hermana el Illustrious, y el Indomitable, lanzaron varios ataques en apoyo a desembarcos. Esto no fue más que el preludio a la formación de una gran flota de superficie, formada por cuatro portaaviones: Formidable, Illustrious, Implacable, Indomitable, e Indefatigable, algunos salidos hacía poco tiempo de los astilleros, sumados a los acorazados Howe, King George IV más seis cruceros y doce destructores. Esta formación atacó varias veces las fuerzas japoness en Indonesia, para luego, a principios de 1945, atacar Sumatra y Java.

Se olvida entonces muchas veces la participación inglesa en las desembarcos estodounidenses y en su campaña isla por isla. Mientras los americanos estaban terminando de poner en servicio sus portaaviones, estas unidades inglesas, ya liberadas de la lucha en el Atlántico (para fines de 1943 y 1944 la suerte de Alemania estaba sellada y la lucha era principalmente aeroterrestre) podían hacer más de ese lado del mundo. En abril de 1945 el portaaviones Victorious, Illustrious, Indefatigable e Indomitable ayudaron a machacar Okinawa en ayuda a las unidades de tierra de EEUU. Incluso el primero fue impactado por dos kamikazes, saliendo indemne debido a que la cubierta de vuelo era de metal y no de madera, como en el caso de los portaaviones estadounidenses.

Francia

Este país construyó un solo portaaviones antes de la guerra, el Béam, comisionado en 1927. Había sido construido hacia 1914 como un acorazado, pero como otros buques, fue reconvertido. Se suponía que dos más lo reemplazarían hacia la década de 1930, pero eso no sucedió.

Irónicamente, la rendición francesa lo tomó en Martinica, mientras iba a buscar aviones de combate a EEUU. Fue internado allí para evitar que lo usaran los alemanes, y cuando tuvo que entrar en combate fue declarado no apto, de manera que fue usado como transporte de aviones.

Curiosamente, Francia fue también pionera en el desarrollo de un portaaviones submarino, el Surcouf, el cual está rodeado de gran cantidad de mitos y leyendas acerca de sus verdaderas capacidades y su destino durante la guerra, resultando hundido en situaciones bastante misteriosa.

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