Curiosidades de guerras antiguas y modernas

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Existe la creencia de que el saludo militar utilizado en todo el mundo, que consiste en hacer la venia llevándose la mano derecha extendida a la frente, nació curiosamente en la Edad Media. Según el dato (que corregimos, ya que aquí lo hemos reproducido de fuentes confiables pero es evidemente falso) en esa época, cuando dos caballeros se encontraban en un camino se llevaban la mano (generalmente la derecha) al yelmo, para levantar su visera y ver mejor a su posible oponente.

Sin embargo este origen es falso. En la realidad los caballeros no iban calzados con su armadura durante los viajes. Esta iba aparte, en un caballo de carga que conducía el escudero o un criado. De manera que no era necesario llevarle la mano para subir el yelmo.

En realidad el saludo militar actual deriva del simple gesto de llevarse la mano al borde del sombrero para quitárselo o levantárselo en frente de un superior, ambos signos de cortesía y deferencia hacia esa persona.

Gracias a José Antonio Solís (de la página www.spainswords.com) sus comentarios y correcciones.


Durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja se anotaba en una gran pizarra el hecho (ya de por sí muy tranquilizador). Esto se hacía de manera abreviada, poniendo "0K", que se traducía por "cero killed", cero muertos. Curiosamente, esta muestra de que todo va bien se fue extendiendo al mundo, y el cero se confundió con una O, de donde proviene la conocida frase OK, que simboliza que todo está bien. Sin embargo, parece haber pruebas documentales que dicen que esta expresión ya se usaba muchos años antes, de manera que no tiene tanto peso.

Otra versión (enviada por José Antonio Solís de la página www.spainswords.com, a quien le agradezco sus comentarios) explica que el origen del OK estaría en el antiguo modismo del inglés popular norteamericano: on key. Este se puede traducir como cerrado, es decir, terminado, concluido. En el conflicto civil hubiera servido para marcar que las tropas habían vuelto sin problemas y que el asunto estaba cerrado.

Otra versión de la aparición de esta alocución, enviada por Miguel Jiménez (a quien le agradezco la corrección), detalla que a mediados del siglo XIX el 5% de la población blanca de EEUU (cerca de un millón y medio de personas) eran inmigrantes alemanes. Esto hizo que el inglés que hablaban y escribían estas personas se pareciera en algunos detalles al alemán.

En inglés se usaba la alocución ''All correct'', para certificar en el puerto que era conforme el despacho de un bulto y ''No Go'' para lo contrario. Los germano-parlantes desvirtuaron lo primero al escribir ''Oll Korrect'' y lo abreviaron con sus iniciales O.K. y lo segundo en N.G. que cayó en desuso.

La ficha más antigua que se conoce de O.K. está en el ''Morning Post" de Boston en su edición del 23 de marzo de 1839, se lee:...''Would have the contributions box, etceteras, O.K. - Oll Korrect- and cause the corks to fly...''.

Aparentemente existen varios orígenes posibles del OK, incluido en que involucra la Guerra Civil Estadounidense. Sin embargo, según las investigaciones del linguista norteamericano Alan W. Read e incluídas en su ''American Speech' (1963), la última es la más probable.


El primer soldado francés que fue herido en la Guerra Franco-Prusiana fue también el último en morir, seis meses después, en 1871.

 


El general británico Jacob Wolfe, en el crepúsculo del 12 de setiembre de 1759, repitió casi completa de Elegía de Gray, sentado en un bote de remos en el río San Lorenzo. Dijo que habría preferido ser el autor de ese poema, antes que la gloria de batir a los franceses al amanecer del día siguiente. El 13 de setiembre, Wolfe murió en el momento de la victoria. El verso más conocido de Gray es "los caminos de la gloria conducen únicamente a la tumba".


A finales del siglo XVIII quedó demostrado que la caballería puede, bajo ciertas circunstancias, capturar barcos enemigos. Durante las guerras de la Revolución Francesa, el general de caballería Charles Pichegru, que invadió Holanda en el invierno de 1794, encontró barcos holandeses inmovilizados por el hielo frente a la costa. Sin dudarlo, guió a sus húsares a través del campo de aguas heladas y se apoderó de los navíos.

Un hecho similar volvió a suceder en Argentina, durante una de las invasiones inglesas de la primera década del siglo XIX. Un grupo de caballería, al mando del luego muy conocido General Güemes, atacó un buque inglés encallado en el Río de la Plata, debido a una repentina bajada de la corriente. Al parecer el grupo defensor salió ganando.


El único hombre que la Armada de los Estados Unidos colgó por motín fue un hijo de un secretario de Guerra. En 1842, el guardiamarina Phillip Spencer fue declarado culpable, junto con otros dos marineros, de conspirar para usar su barco, el USS Somers, en actos de piratería.


En el año 413 a. C., las huestes atenienses de Demóstenes estaban sitiando Siracusa. Sin embargo, las cosas no estaban funcionando bien, pues su ejército se encontraba semicercado a causa de los refuerzos que recibía el enemigo. De forma que Demóstenes convenció al jefe Nicias de levantar el sitio antes de que fueran arrollados por el enemigo. Cuando se estaban retirando, ocurrió un eclipse de luna, que Nicias consideró de mal agüero; de forma que decretó un aplazamiento de la retirada por espacio de "tres veces nueve días", que prescribieron los adivinos. A pesar de la desesperación de Demóstenes, el ejército ateniense, de 43.000 hombres, no tardó en pasar a mejor vida.


El general francés Jean Martiner era un hombre muy odiado por sus soldados, debido al entrenamiento severo que les daba a los soldados de Luis XIV para mantenerlos en forma. Se sabe que fue víctima del fuego de artillería de sus propios hombres cuando encabezaba una carga, pero no hay datos suficientes como para afirmar que fue algo más que un error.


Durante la batalla de Alejandría del 21 de marzo de 1801, en donde se enfrentaron las fuerzas inglesas y francesas, se registró una batalla tan encarnizada que dio lugar a dos hechos muy curiosos. Como el ataque fue al atardecer, en la oscuridad el regimiento inglés de infantería 28 (Gloucestersshires) se vio atacado por el frente y por detrás. Como mantuvieron sus posiciones a toda costa, más tarde esta conducta les valió el honor de llevar dos distintivos de regimiento, uno en el frente u otro en el dorso del morrión.

Así, la lucha alcanzó tal intensidad que pronto los dos ejércitos agotaron sus municiones. Se adoptó la opción más lógica: las unidades francesas y británicas prosiguieron la batalla a pedradas, lo cual produjo algunas bajas. Finalmente, la victoria fue británica.


En 1864, durante la Guerra de Secesión Estadounidense, el general Burnside abrió una brecha en la línea confederada frente a Petersburg. Pero la división que tuvo que precipitarse por la brecha no pudo salir de su trinchera de dos metros y medio de alto, porque al general y a sus superiores no se les había ocurrido la idea de llevar escaleras u otras cosas para trepar. Los atacantes formaban torres humanas y salía en cuentagotas, para morir poco después debido a su inferioridad numérica.


Durante la batalla de Austerlitz, el 2 de diciembre de 1805, ocurrió un hecho curioso que quedó grabado en la historia militar. Luchando el ejército de Napoleón contra las tropas del emperador Alejandro I de Rusia y de Francisco II de Austria (por lo que se la conoció como "la batalla de los tres emperadores"), las fuerzas rusas fueron empujadas hacia una zona de estanques de agua congelada. El penetrante calor del "sol de Austerlitz" provocó el debilitamiento de la capa de hielo sobre las que combatían las tropas rusas, que no podían romper el cerco francés pero resistían encarnizadamente. Muchos perecieron al abrirse numerosas grietas en el hielo, precipitandose en las heladas aguas. En un arrebato de astucia estratégica, Napoleón ordenó a su artillería que abriera fuego contra la capa de hielo, terminando así la batalla.


Luego del cruce de los Alpes, Aníbal fue engañado por sus guías y cayó en una trampa tendida por los romanos: fue acorralado en un valle cuyas únicas salidas estaban controladas por los ejércitos de Roma. Lo que podría hacer sido una masacre y una espantosa derrota fue convertida por el famoso estratega en una aplastante victoria. En medio de la oscuridad de la noche, soltó en las montañas a 2.000 vacunos con antorchas encendidas atadas a los cuernos. Los romanos, al ver la estampida de semejante manada de bestias infernales, huyeron aterrorizados y le dejaron libre el paso a Aníbal.


Sun Tzu Wu, escritor de la famosa obra "El arte de la guerra" era nativo del estado de Ch´i. Su obra atrajo la atención de Ho Lu, rey de Wu. Ante su presencia, el rey le preguntó a Sun Tzu si sus pensamientos sobre la guerra y la forma de vencer era aplicable a las mujeres.

El estratega afirmó que sí, e hizo traer 180 mujeres al palacio. Las dividió en dos compañías, y puso a una de las concubinas favoritas del rey al mando de cada una. Les dio armas y les explicó detalladamente cómo presentar armas y cambiar de flanco cada vez que él dijera, por ejemplo, "flanco derecho". Pero al dar esa orden, todas las mujeres comenzaron a reír. Sun Tzu, sin inmutarse, dijo: "si las órdenes no son claras y distintas, si las órdenes no son completamente comprendidas, el culpable es el general."

Comenzó nuevamente el ensayo y al dar la orden de "flanco derecho", las mujeres nuevamente estallaron en carcajadas. El estratega replicó: "si las órdenes no son claras y distintas, si las órdenes no son completamente comprendidas, el culpable es el general. Pero si las órdenes SON claras, y los soldados de todas formas las desobedecen, entonces la culpa es de sus oficiales."

Sun Tzu mandó decapitar a las líderes de ambos grupos. Pero el rey, intentando defender a sus concubinas favoritas, le pidió que no lo hiciera, diciéndole también que estaba satisfecho de su demostración. El famoso estratega replicó: "habiendo recibido de Su Majestad la misión de ser el general de sus fuerzas, hay ciertas órdenes de Su Majestad que, actuando en este rango, no puedo aceptar."

Las concubinas fueron decapitadas y Sun Tzu colocó a las siguientes en la línea de mando, y esta vez las dos compañías obedecieron al pie de la letra todas las órdenes. Luego, le dijo al rey: "sus soldados, Señor, están ahora correctamente entrenados y disciplinados, y listos para una inspección de Su Majestad. Pueden ser utilizados para cualquier misión que su soberano pueda desear; ordénales que vayan a través del fuego y el agua, y no desobedecerán."


El poeta chino Tu Mu recuerda la increíble historia de Ts`ao Ts`ao (A.D. 155-220), un general con una disciplina muy estricta. De acuerdo a una dispocisión dictada por él mismo, que castigaba severamente la destrucción de las cosechas del enemigo, se condenó a sí mismo a muerte por haber permitido a su caballo orinar en un campo de grano. Sin embargo, para evitar que perdiera su cabeza, fue convencido para que su deseo de justicia fuera satisfecho al cortarse el cabello. Un comentario de Ts`ao Ts`ao's sobre el suceso dice: "cuando estableces una ley, cuida de que no sea desobedecida; si es desobedecida el ofensor debe ser muerto."


Cuando el Departamento de Guerra de los Estados Unidos fue establecido en 1789, solamente había 840 los soldados inscriptos en el ejército regular. Su trabajo era supervisar las tierras del Estado y guardar la frontera con los indios.


Los interiores de las cubiertas de los barcos de línea británicos se pintaban de rojo. La razón era que la madera, al astillarse a causa de los cañonazos, desperdigaba metralla por todas partes, ocasionando heridas tremendas. Para que la sangre no se notara tanto y bajara la moral, se eligió ese color.


Las croissants o medialunas, inventadas por cocineros austríacos, tienen su origen en el conocido sitio de Viena a mano de los turcos. Cuando éstos comenzaron a cavar túneles para entrar a la ciudad, se dice que varios panaderos los escucharon y dieron la alarma. Así, se conmemoró la victoria horneando un pan en forma de medialuna, símbolo de la bandera turca y el poder del Islam: los defensores se comían los símbolos de poder del enemigo derrotado.



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