Historia de las "Armas de la Venganza"

Montaje de una V-1 modificada (llamada Loon) en un submarino estadounidense, el USS Cusk. Obsérvese la rampa de despegue en ángulo y el contenedor que hace las veces de hangar de aparato.

Segunda derivación: los misiles crucero

Aunque muchas veces olvidado, el hecho de que el V-1 sea considerado el abuelo de los misiles crucero no es nada descabellado. De hecho, el primer misil intercontinental nuclear de la US Navy, el Regulus, fue una versión de este aparato alemán. Este proyecto surgió cuando la US Navy se dio cuenta de que la habían relegado del centro de mayor poder. Ellos eran los que tenían los grandes portaaviones y los potentísimos cañones, pero ahora todos consideraban a la Fuerza Aérea como el brazo más poderoso de EEUU al ser la que poseía los bombarderos con bombas nucleares.

Dispuestos a volver a su lugar anterior, la idea del comandante Thomas Klakring agrupó a muchos otros oficiales. Montar un misil en un barco, o mejor, en un submarino (Klakring había comandado submarinos en la Segunda Guerra Mundial). Mejor todavía, que cargara una bomba nuclear. El problema era que desarrollar todo el aparato tomaría mucho tiempo. Pero este comandante de submarinos tuvo la gran idea de usar algunas de las cientos de V-1 capturadas a los alemanes en buenas condiciones. Sin embargo, para las pruebas hubo que trabajar con ingenio para solucionar los problemas.

El primero era la rampa de despegue, que no podía usarse en un submarino. Los ingenieros solucionaron esto utilizando un sistema de despegue asistido por cohetes, utilizando varios de menor tamaño en distintas combinaciones. Esto permitía que el V-1 despegara en el poco espacio del submarino. También tuvo que trabajarse en un sistema de guía, para solucionar otro defecto del aparato. Para esto se usó un aparato llamado TROUNCE. Este sistema de radio le permitía al submarino guiar al misil y darle todo tipo de órdenes, además de poder seguirlo gracias al transpondedor que tenía el aparato.

Lanzamiento de un Loon desde un buque submarino estadounidense. Como estos buques no tenían hangares, debían ser preparados antes del despegue. Obsérvese que se trata de un V-1 sin modificaciones visibles desde fuera, más allá de los cohetes que le permiten despegar perpendicularmente al submarino, sin utilizar rampas de ningún tipo.

En 1947 debutó la combinación del Loon, como los técnicos llamaban a este V-1 modificado. El submarino usado, el USS CUSK, demostró su poder navegando en silencio desde su base en el Pacífico hasta San Diego, saliendo a superficie y lanzando un ataque simulado contra la ciudad, con gran éxito. El nuevo diseño podía llevar una cabeza nuclear, pero no entró en servicio, y solamente se usó para pruebas. Su principal problema era su corto alcance, que dejaba al submarino demasiado cerca de la zona de impacto.

El Regulus se armó finalmente con muchas partes de aviones de la época, para abaratar costos. Se utilizó entre 1953 y 1964 en cinco submarinos y varios barcos de superficie de la US Navy. Algunos expertos lo consideran un «arma olvidada», opacada de alguna manera por su sucesor, nada más ni nada menos que el misil «Polaris».

Pero también otros aparatos estadounidenses se basaron en los sistemas aerodinámicos o de despegue del V-1.

Podemos mencionar por ejemplo al Matador y al Mace, de la empresa estadounidense Martin. El desarrollo del primero había de hecho comenzado durante la Segunda Guerra Mundial, pero no entró en servicio hasta la década de 1950. Su sucesor fue el «Mace», más grande y poderoso. Ambos eran, al igual que el V-1, considerados aviones sin piloto, ya que tenían realmente forma de avión, con cola en forma de T y alas en flecha. Los dos despegaban, al igual que el V-1, desde una rampa sobre la cual se deslizaban, propulsados por motores cohetes desprendibles.

Tampoco podemos pasar por alto al Snark de Northrop, mucho mejor que el V-1 en cuanto a su aerodinamia, pero que conservaba su impronta de avión.

Los misiles crucero se han convertido en la actualidad en una de las armas estrellas de las grandes potencias, debido a su precisión y a su gran poder, sin llegar a necesitar de cabezas nucleares. Sin embargo, se encuentran a años-luz del V-1, que era lento, impreciso y fácilmente detectable y derribable. Los misiles balísticos aprendieron mucho del V-2, y se puede decir que en general no innovaron mucho luego de esto.

El «Regulus», primer misil lanzado desde submarinos del mundo. Fue el arma principal de la US Navy hasta ser reemplazado, en 1964, por el «Polaris». Pocos lo recuerdan, al igual que su parecido obvio con el V-1, del cual desciende de manera directa.

Sin embargo, en cuanto a misiles crucero, el V-1 es un antecesor mucho más precario, que dio una idea vaga sobre el concepto, que luego fue refinado hasta la casi perfección. Lejos ya del diseño alemán, los actuales diseños y los de hace unos años atrás solucionaron todos sus defectos.

Tomando nota del V-2, se hicieron portables, pudiendo ser lanzados desde el aire, desde buques de superficie, desde submarinos o desde vehículos terrestres ligeros. Su precisión está asegurada por satélites, mientras vuelan muy bajo para dificultar su rastreo.

El comandante Thomas Klakring sin duda fue un visionario: en la actualidad el misil crucero por excelencia, el Tomahawk estadounidense se lanza desde buques de superficie, pero también desde submarinos. Estos aparatos, equipados con motores nucleares, se convirtieron rápidamente en capaces de lanzar misiles balísticos intercontinentales, con cabezas nucleares realmente eficaces, y su dificultad para ser rastreados y seguidos los hizo ser una parte importantísima del arsenal marítimo de las grandes naciones.

 

Tercera derivación: la carrera espacial

Tal vez la única contribución realmente pacífica de la tecnología de los cohetes y de los misiles balísticos fue la posibilidad de que la Humanidad llegara al espacio.

Durante siglos la ciencia ficción había soñado con la idea, pero no había pensando en el poder del cohete: Julio Verne adivinó la posición de Cabo Cañaveral para los lanzamientos, pero pensó que a la luna se llegaría dentro de una bala de cañón gigantesca. De alguna manera los alemanes ya pensaron en la idea cuando concibieron en su mente gigantescos cohetes que pudieran bombardear Nueva York. Pero esto no se logró sino hasta la posguerra, cuando la carrera armamentística se mezcló con la espacial. Porque no hay que olvidar que la Guerra Fría se peleó también fuera de la atmósfera.

Y allí entró en escena una persona asociada inmediatamente a los cohetes, y conocida en el mundo entero: Werner von Braun. Interesante es entonces saber más sobre este personaje, del cual muchas veces se tienen datos incorrectos.

Von Braun se convirtió luego de la guerra en un verdadero héroe estadounidense. Curiosamente, haciendo lo mismo que poco tiempo antes había hecho para vencer a EEUU. Pero ahora era perdonado para que su experiencia fuera usada para luchar contra la nueva amenaza. Se convirtió así en un símbolo de los científicos que trabajaban para ganarle a los soviéticos la carrera en materia de armas.

Este ingeniero alemán, nacido en 1912, era hijo de un barón que había sido ministro de la República de Weimar. Fue a estudiar al Liceo Francés, y desde niño estuvo marcado por sus ansias de explorar el espacio. No abandonó ese deseo nunca. Ingresó en la Asociación para Vuelos Espaciales apenas a los 17 años, y junto con su profesor probaban cohetes del tamaño de botellas, impulsados por una peligrosa mezcla de nitrógeno, aceite y oxígeno líquido.

Luego de diplomarse en Suiza, había vuelto a Alemania en 1931, donde construyó una especie de cosmódromo en miniatura. Desde allí comenzó a forjar su historia y la de la Humanidad, lanzando su cohete Repulsor a 9.000 metros de altura, rompiendo la barrera del sonido. Apenas dos años más tarde, repitió la demostración frente al general Becker, que era un entusiasta de los cohetes para la defensa.

Allí comenzó su relación con el ejército, que se fue haciendo cada vez más fuerte. Von Braun nunca fue dejado de lado: apenas con 25 años fue nombrado director del centro de experimentación de Peenemünde. No era nazi ni tenía aparentemente contactos: se abrió camino a base de entusiasmo y conocimientos. Se trataba de un genio brillante que, como muchos, buscaba servir a su país, pero principalmente satisfacer sus ansias científicas. En un momento en el cual nadie salvo el Estado podía hacer frente a sus investigaciones, la elección para él debe haber sido bastante sencilla.

El Jupiter, uno de los IRBM desarrollados por von Brown en conjunto con científicos estadounidenses.

Varios años se fueron en desarrollar nuevos y mejores diseños, hasta que llegó el ataque inglés a la famosa base de cohetes y misiles. Von Braun salió ileso del ataque a Peenemünde, y además logró salvar sus archivos. Sin embargo, muchos de los 700 muertos eran sus más cercanos colaboradores y amigos. Su profesionalismo sin embargo no le daba inmunidad total. Hacia el final de la guerra fue encarcelado, durante un mes, por órdenes de sus superiores, que temían que escapara.

A pesar de todo, Von Braun logró entregarse a las tropas estadounidenses pocos días antes de la rendición alemana. Lo trataron como a muchos: primero como a un criminal de guerra, y luego como una fuente de conocimientos. Nuevamente su experiencia fue muy tenida en cuenta. Durante casi dos años fue el responsable de ordenar toda la documentación capturada sobre los experimentos con misiles y cohetes.

Luego de obtener la ciudadanía estadounidense comenzó su ascenso a la fama. En 1956 su misil Júpiter trepó 1.100 kilómetros, alcanzando la escalofriante velocidad de 25.000 km/h. En 1959 todos sus conocimientos y esfuerzos dieron resultado, y llegó a ocupar el puesto más alto de la NASA, agencia espacial recién creada. Estuvo en ese puesto hasta 1970, fecha en la que renunció y asumió la vicepresidencia del consorcio aeroespacial Fairchild, que era uno de los principales contratistas de la NASA. Murió el 17 de junio de 1977.

Resumir los logros de von Braun en la NASA sería una tarea difícil. Basta decir, como se puede ver, que estuvo presente en momentos muy especiales, incluso en la cúspide de todos los programas realmente provechosos de la humanidad: la llegada a la Luna.

Werner von Braun fue, en suma, un científico que siempre se las arregló para cumplir sus sueños: ver volar sus cohetes. Una frase suya muestra su interés científico, además de su desinterés político. «Yo fabrico cohetes, pero son los políticos quienes deciden dónde deben caer».

Como puede verse, no todos los conocimientos que se generaron en materia de cohetes y misiles fueron desperdiciados en armamento. Muchas veces solemos olvidar que la tecnología y la información para construir un misil balístico es la misma que se usa para construir un vehículo espacial. La Segunda Guerra Mundial marcó así la historia de la Humanidad con dos armas, una de ellas por demás de terrible, pero al mismo tiempo con la posibilidad ya no remota, sino segura, de salir del planeta.

 

 

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